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Blog de Pau Vidal. Reflexiones sobre el tercer sector

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Organizaciones ágiles para transformar la sociedad del siglo XXI

Al intentar dibujar las organizaciones no lucrativas del futuro, con capacidad de impacto y transformación social para el siglo XXI, hay un concepto que aglutina la mayoría de sus características. Se trata de la agilidad: agilidad para adaptarse a nuevas circunstancias, agilidad para responder las necesidades sociales emergentes, agilidad para conseguir complicidad social que apoye las actuaciones, agilidad para modificar su estructura organizativa, agilidad para entender qué piden sus involucrados y colectivos… en definitiva, el siglo XXI es el momento de las organizaciones ágiles. Este concepto, la agilidad, no está limitado al tercer sector, pero por la historia del sector en nuestro país y las características de las entidades no lucrativas tiene una especial trascendencia.

Con anterioridad, desde el OTS ya hemos reflexionado y documentado ampliamente sobre el cambio de época que está viviendo el tercer sector. De hecho, el cuaderno de nuestro Consejo Asesor al 2008 sobre la crisis como oportunidad de transformación fue una reflexión pionera que ya apuntaba hacia la agilidad organizativa. Más recientemente, el Anuario 2013 del Tercer Sector Social ponía datos actuales al tema mientras que el artículo a la Revista Española del Tercer Sector daba forma a los principales retos. A principios de este mismo año, se entró en más detalle en cada uno de los aspectos del cambio de época que están viviendo las entidades durante el ciclo que hicimos en el Palau Macaya .

En el propio mundo empresarial hemos visto como en los últimos años se ha reconocido la agilidad organizativa como una variable clave en las empresas de éxito. Esta variable clave ha ido evolucionando, y en el siglo pasado ha ido cambiando desde temas como la economías de escala, el liderazgo, la calidad y los procesos,… Ahora es el momento de las organizaciones ágiles; ‘lean organizations’ es la traducción de este concepto al inglés y bajo el cual podréis encontrar bastante documentación al googlear.

No obstante, sobre la adaptación del concepto de agilidad organizativa todavía no hay demasiada información por qué es más reciente. Lo que encuentro especialmente interesante es la manera a la que hemos llegado hasta aquí: una vez realizado el diagnóstico e identificación de los elementos del cambio de época que están viviendo las entidades, nos hemos dado cuenta del alineamiento con la agilidad como variable clave al trabajar organizativamente. Afortunadamente, no se trata de nada rompedor, sino es un concepto íntimamente relacionado con los valores y sentido que tenemos como organizaciones al servicio de las personas y de la sociedad.

Paradójicamente, mientras el mundo empresarial se ha fijado en características históricamente ligadas al tercer sector para conseguir la agilidad (conexión con las necesidades sociales, emprendimiento interno, dirección por valores, innovación, flexibilidad,…) todavía encontramos muchas organizaciones no lucrativas que se esfuerzan para moverse en una línea diferente priorizando la construcción de procesos, protocolizando y diseñando estructuras menos flexibles, buscando solideces que otras luchan para abandonar.

Evidentemente, no se trata de abandonar los elementos que dan eficiencia, pero si de ser capaces de enfocarlos desde esta agilidad organizativa que nos permita tener impacto de transformación en el siglo XXI. De hecho, estoy convencido de que tenemos un punto de partida para conseguir la transformación organizativa hacia la agilidad que es mejor del que muchas veces nos puede parecer cuando afrontamos las dificultades del día a día. En próximos artículos trabajaremos ideas para fomentar la transformación hacia organizaciones ágiles.

Imagen: http://aventuraspr.com

Es hora de visibilizar qué valor aportamos a la sociedad

Las organizaciones no lucrativas nacen de la pasión de las personas para mejorar la sociedad a partir de la preocupación por causas muy diversas: las desigualdades sociales, la cultura, la acción social, la equidad, los deportes, los temas ambientales, …

Recuerdo hace tiempo la presentación de los resultados de un estudio en una entidad, que lo resumieron en una sola frase: ” Quien os conoce, os quiere, porque sabe lo que haceís y para qué sirve. Lástima que os conoce poca gente… ” La frase tiene una primera parte positiva, pero la segunda parte no lo es tanto. Evidentemente, las personas que estamos implicadas en entidades del tercer sector estamos plenamente convencidas de la utilidad social de nuestras organizaciones: por eso estamos implicadas!

Pero no podemos contentarnos sólo con que nos valoren quienes tenemos al lado. No vale sólo con estar convencidos de los que cada día ven y viven el trabajo de la organización. No nos podemos quedar contentos con aquella frase tan utilizada de que son intangibles. Nos toca ser capaces de mostrar, medir y reivindicar la aportación social y económica a la sociedad, y lamentablemente esto no siempre es evidente o fácil de explicar.

Hace muchos años que se hacen esfuerzos de evaluación de impacto en las entidades del tercer sector. Ya hace más de diez años que en los Congresos sobre Investigación en el Tercer Sector oigo hablar de metodologías para ayudar a las entidades a mostrar el valor económico y social. Algunas son específicas de ámbitos concretos y otros se pueden generalizar más. Hace 5 años en Escocia descubrí el SROI, una metodología para la monetización del valor que ahora parece que está arraigando en nuestro entorno, y empezando a haber experiencias de entidades que están trabajando, y eso es positivo. Pero la evaluación de impacto no se puede resumir con el SROI ni con ninguna otra metodología. Cada una tiene elementos destacables y limitaciones, y toca convivir con lo que pueden aportar. Hace años quizá se podía admitir un acto de fe sobre el valor de aportación de una organización, pero hoy en día se están desarrollando metodologías y maneras de mostrar lo que aportamos a la sociedad: en mejoras y en ahorros.

Para mí, lo realmente destacable es el progresivo desarrollo de una cultura de evaluación de impacto que lleve a las organizaciones y sus equipos a hacer esfuerzos continuados en esta línea, e incorporarlas en la propia concepción de los proyectos y la actividad organizativa. La recogida de información siempre es el punto crítico para cualquier análisis, por lo que, si desde el principio tenemos presente que tendremos que evaluar el impacto, habrá muchas más posibilidades de conseguir resultados explicables sobre cómo estamos contribuyendo a la mejora social o a la creación de capital social o a la protección ambiental o ….

La evaluación del impacto no es una metodología sino una cultura a la hora de realizar nuestras actividades, que nos ayuda a seleccionar y realizar aquellas actividades más directamente alineadas con el impacto social que busca nuestra misión. No se trata únicamente de un tema de calidad en la actuación, sino de saber que estamos cambiando: los esfuerzos de medición de impacto social y económico intentan explicar y mostrar los cambios. La confianza no es ciega: se construye día a día a partir de los datos, con organizaciones transparentes que nos esforzamos para mostrar lo que estamos aportando a la sociedad…

Las organizaciones del siglo XXI deben saber explicar a la sociedad el valor social y económico que aporta su actividad.


Imagen | lestraperlista

Para más información consultar Guía para el Retorno Social de la Inversión (SROI)

Artículo sobre el cambio de época en el Tercer Sector en la RETS

Hace tiempo que desde el OTS le estamos dando vueltas al tema del cambio de época que está viviendo el tercer sector. Poco a poco, el tema se va haciendo hueco en la agenda de las entidades y cada vez son más las organizaciones que reflexionan y plantean actuaciones para responder de manera sostenible en el nuevo entorno que viven.

Recientemente, tuve la oportunidad de escribir sobre el cambio de época en la Revista Española del Tercer Sector, dando forma y estructurando muchos de los temas en los que hemos trabajado durante los últimos años.

El artículo trata del cambio de época que afronta el tercer sector en España, debido a la confluencia de dos factores : el agotamiento del modelo de crecimiento del sector de las dos últimas décadas basado en las aportaciones de recursos públicos, y el actual período de crisis que estamos viviendo que ha provocado el aumento de necesidades sociales, en un momento de limitación de recursos. En estas circunstancias, el tercer sector debe ser capaz de mostrar evidencias de su aportación de valor a la sociedad y afrontar una profunda transformación. Los factores de transformación estratégicos son la potenciación de la complicidad social ( más allá de la captación de fondos ) , desarrollar nuevas competencias a los equipos , construir unas nuevas bases de relación con la Administración Pública , mejorar la eficiencia ganando dimensión organizativa y mostrar la el impacto social de su actividad .

En definitiva, un escenario de retos simultáneos para rediseñar el tercer sector. Afortunadamente , en estos momentos tenemos el mejor tercer sector de la historia de nuestro país para intentar afrontar estos cambios estratégicos y seguir trabajando por la transformación social.

A continuación, puede leer el artículo publicado en la Revista Española del Tercer Sector o descargároslo en formato pdf (367 Kb).

El Anuario: Conocer cómo estamos para trabajar por el futuro

Estamos a las puertas de una nueva edición del Anuario del Tercer Sector Social de Catalunya. Se presenta el próximo 2 de octubre en el CaixaForum de Barcelona. Si contamos su precedente del Libro Blanco, que se presentó en 2003, junto con los Anuarios de 2009 y 2011, con el de 2013 llegamos a la cuarta edición de esta investigación panorámica sobre las entidades sociales.

Para el tercer sector social, llegar a esta cuarta edición es una valiosa meta, pionera en nuestro país. Han sido cuatro ediciones de investigación aplicada y útil, orientada a conocer la realidad de las entidades sociales y reflexionar sobre las claves para su evolución.

Los últimos 10 años del tercer sector social en Catalunya han configurado una historia intensa, acompañando a una sociedad que también ha evolucionado con fuerza.Por un lado, la propia evolución de los servicios sociales con una visión más integral de la persona destinataria y su entorno.  Al mismo tiempo, el propio proceso de reconocimiento social progresivo de estos servicios sociales como un elemento fundamental de cohesión y equidad social.Y, en este contexto de profesionalización y reconocimiento, el tercer sector social ha ido consolidando un rol y dimensión destacada.

El Libro Blanco y los Anuarios testimonian esta evolución, con los datos y los temas clave que han acompañado cada momento: identidad como sector, consolidación y profesionalización y, más recientemente, el reto de afrontar la crisis que vivimos hace unos años. El Anuario 2013 nos mostrará la situación actual del sector: ¿cómo ha cambiado el número de entidades?, ¿cuál es el equipo actual de las entidades?, ¿han aumentado o disminuido el número de personas voluntarias?, ¿qué volumen económico se mueve?, ¿cómo ha evolucionado la financiación?, ¿cómo ha cambiado el número de personas destinatarias?

El Anuario 2013 llega en un momento necesario. Afrontamos un cambio de época radical y difícil, y los datos y la reflexión colectiva tienen que ayudarnos a gestionar con éxito los numerosos retos de cambio para sobrevivir y continuar aportando valor a nuestra sociedad.

La reconversión (milagrosa) del tercer sector: Sin recursos y con valores

El cambio de paradigma que está afrontando el tercer sector en su relación con la administración pública lleva implícita realizar una reconversión profunda de las entidades tal como las conocemos hoy en día.

Los paradigmas y la forma de funcionar de los últimos veinte/treinta años ya no sirven para encarar el futuro. Así de simple, así de radical. Durante años, la relación con la administración pública ha sido el elemento clave para tirar adelante los proyectos de utilidad social, ambiental, cultural, de cooperación, etc., que tenían las organizaciones no lucrativas en mente. La financiación pública ha sido fundamental y las organizaciones se han ido acostumbrando a las lógicas que ésta nos ha ido imponiendo: en la formulación de proyectos, en los ciclos anuales, en las justificaciones, en la orientación al proceso por encima del resultado, etc. No ha sido fácil aprender en esta relación con la administración pública, pero el paso de los años y el peso de los procesos administrativos ha ido modelando el funcionamiento de muchas entidades.

Y aunque éramos conscientes desde hace tiempo del riesgo de tener esa fuente de financiación principal (de hecho, casi única para demasiadas organizaciones), no ha sido hasta las dificultades actuales cuando se ha planteado la urgencia radical de cambio. Cambio necesario.

Pero no es fácil cambiar rápidamente después de tantos años de funcionar de una manera determinada.

Los primeros esfuerzos han ido orientados a una adaptación a corto plazo más que a un cambio estratégico. Es lógico: urgencia presupuestaria, cuenta de explotación que aprieta. Y ha tocado cerrar proyectos, reducir equipos, redimensionar organizaciones. Todo ello es necesario, pero son ajustes: no es un cambio estratégico.

Hace falta una fuerte reconversión. Hacer cosas diferentes. Nuevas maneras de funcionar. Incorporar lógicas emprendedoras en el arranque de proyectos.

Toca construir complicidad social sólida con la ciudadanía, desarrollar nuevas competencias en los equipos, diversificar la financiación de las actividades, hablar con un lenguaje entendible fuera de los expertos, actualizar los órganos de gobierno, incorporar las nuevas tecnologías, etc. Y más, mucho más que constituye la reconversión que han de afrontar las organizaciones no lucrativas para cumplir su función en la sociedad. Transformarnos en las organizaciones del siglo XXI que son necesarias hoy en día.

Afrontamos una reconversión dura, difícil que implica cambiar una gran parte de lo que hemos hecho en casi toda nuestra historia reciente. Y lo hemos de hacer sin recursos disponibles. Ya sabemos que el sector público mima a otros actores en sus necesidades de reconversión: si fuéramos bancos, tendríamos miles de millones a través del FROB para la reconversión; o si construyéramos coches también tendríamos incentivos para que la ciudadanía los compre; o hace años se abocaron muchísimos recursos en las reconversiones industriales y hasta el sector inmobiliario está consiguiendo colocar sus pisos vacíos a la administración para reconvertirse.

Pero para la necesaria reconversión de las organizaciones no lucrativas a las nuevas lógicas del siglo XXI no hay recursos: no hay dinero para repensarnos o reestructurarnos. Así que nos toca afrontar esta dura reconversión sin recursos económicos para hacerlo, aunque afortunadamente contamos como siempre con la fuerza de nuestros valores y de nuestro compromiso con las personas y la sociedad. Éste es nuestro gran capital, aunque no sabemos si será suficiente y es posible que muchas organizaciones no sobrevivan a ese proceso de repensarse. Aún así, nos toca ser optimistas y afrontar el esfuerzo pensando que a partir de ese firme compromiso con los valores, con las personas y con la sociedad, acompañado de la buena gestión y la complicidad social nos llevará a reconstruir un tercer sector capaz de actuar de manera eficiente y eficaz en el siglo XXI. Porque nuestra sociedad se lo merece.

Vamos adelante, pues, con la reconversión (milagrosa) de las organizaciones no lucrativas: nos tocará trabajar mucho para hacerla con valores y compromiso, aunque sin recursos específicos para ello.

5 temas clave donde el tercer sector se la juega en el 2013

El 2012 se ha hecho largo en la mayor parte de las organizaciones no lucrativas. El cambio de época que estamos afrontando se ha mostrado con toda su intensidad en este año: los paradigmas de los últimos treinta años para el funcionamiento de las organizaciones han dejado de funcionar y la gestión de muchas entidades se ha ido transformando en un ejercicio de supervivencia cortoplacista: ¿llegar a fin de mes, fin de trimestre, fin de año…?

La situación requiere reaccionar con rapidez en 2013 afrontando rápidamente cambios estratégicos que permitan a las entidades continuar aportando valor a la sociedad en los próximos años. Pero la situación no es fácil: hay poco tiempo, menos recursos y los cambios nos exigen una radicalidad y rapidez a la que no estamos acostumbrados.

A continuación se muestran cinco temas clave que están (o estarán próximamente…) en las agendas de la mayor parte de las organizaciones de la sociedad civil en nuestro país:

1. Potenciar la complicidad social.

Las organizaciones existen porque somos capaces de generar complicidad social en el trabajo en las causas por las que trabajamos. Da igual el tipo de organización del que se trate: su existencia solamente tiene sentido si hay una complicidad social formada por personas y otros colectivos capaces de comprometerse con la actuación de la entidad. Ya pasaron los tiempos en que los proyectos se podían llevar a cabo únicamente porque a alguien de la Administración Pública le gustaba lo que hacíamos y nos apoyaba con una subvención. Las organizaciones del siglo XXI son capaces de movilizar personas comprometidas con su misión que apoyan con dedicación de tiempo y recursos económicos para hacer realidad los sueños de la organización. La clave es conseguir y gestionar esa complicidad social que aportará energías, ilusiones, capacidades y recursos para la transformación social.

2. Desarrollar nuevas competencias en los equipos.

Estamos en una nueva época que exige nuevas competencias y capacidades a la gente que forma las organizaciones, da igual que sean personas voluntarias o remuneradas. Durante años hemos aprendido a gestionar proyectos, a presentarnos a convocatorias, a visitar las administraciones, a conocer sus lenguajes, a justificar y a usar toda una serie de metodologías, ya fueran proyectos de intervención social, marco lógico, de sostenibilidad ambiental o de acción cultural… ¿Os suenan? Durante años esto ha sido lo eficiente y era lo necesario para hacer realidad nuestra misión. Pero ya no es suficiente. Ese lenguaje de “expertos-para-expertos” no nos sirve para generar complicidad y compromiso con el barrio, con la ciudad, con la gente normal de la calle que hemos de ser capaces de comprometer en nuestro trabajo por una sociedad mejor. Nos hacen falta competencias relacionales, “comerciales”,  nuevos lenguajes, capacidad de explicarnos sin tecnicismos. Un ejemplo: si miráis unas cuantas webs de organizaciones veréis que en general usan un lenguaje más adecuado para rellenar un formulario que para ilusionar y comprometer personas. En las organizaciones tenemos gente valiosa y comprometida con la misión, personas voluntarias y/o remuneradas. Las organizaciones del siglo XXI han de favorecer el proceso acelerado de desarrollar estas competencias en la gente que forma parte de la organización para acercarnos y comprometer personas.

3. Entender el nuevo rol de la administración pública.

Durante años la Administración Pública ha sido el motor que impulsaba nuestros proyectos porque creía en su utilidad social: si les gustaba lo que hacíamos, podíamos conseguir recursos económicos para arrancar los proyectos con la administración como financiador único o casi único (aún con las reglas de cofinanciación, que muchas veces hemos solventado con fondos de otras administraciones públicas). Hemos sido un socio de largo recorrido para una Administración Pública que aprovechaba la utilidad social de lo que hacíamos, la ilusión que poníamos y la austeridad de recursos con la que funcionamos. Pero ahora  nos encontramos ante una Administración Pública quebrada y desorientada, que aunque en ocasiones quiera, no puede. Y recorta. Y recorta. Y sigue recortando. Y para nuestro escándalo, lo hace en temas directamente relacionados con nuestra misión: para nosotros es lo más importante, pero para ellos solamente es un tema más. Pero aunque la Administración Pública tenga dificultades, no desaparece. Está ahí, y sigue valorando las cosas de utilidad social, lo que ocurre es que está cambiando su rol: antes tenía un rol principal y cada vez más tendrá un rol más complementario en nuestros proyectos. La organización del siglo XXI, a través de sus redes de complicidad social y su capacidad de emprendimiento, podrá arrancar proyectos y mostrar utilidad social de los mismos para animar la participación de la Administración Pública con políticas en esas áreas. Pero seguramente tendrá un rol diferente: un rol colaborador, pero ya no podrá ser el financiador único o principal.

4. Ahorrar costes siendo más eficientes.

Es simple. Hay que ahorrar, aunque seamos de natural austeros. Un ahorro basado en el aumento de eficiencia: las estructuras muy pequeñas tienen muchas ineficiencias que acaban generando unos costes altos de funcionamiento. No nos lo podemos permitir. Colaborar, compartir, repartir, coordinar, fusionar, reutilizar,… serán verbos que guiarán con fuerza nuestras actuaciones estos años. Ya lo estamos viendo: organizaciones que comparten estructuras, que son capaces de colaborar y diseñar procedimientos conjuntos para ahorrar. Hay que mantener la capilaridad social característica del tercer sector en la actuación, pero hay que ser capaz de combinarlo con eficiencia en el funcionamiento: ¿no podemos compartir local?, ¿o utilizar el mismo auditor?, ¿o las mismas metodologías de intervención? ¿Podríamos compartir las infraestructuras informáticas?, ¿o gestionar el dinero conjuntamente? Por ejemplo, gestionar 100 veces 100.000€ es mucho más caro (¡pero mucho más!) que gestionar 10 millones de euros conjuntamente. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto dar el paso? Las organizaciones de segundo nivel del siglo XXI tendrán un papel clave para la mejora de la eficiencia y ahorrar costes de funcionamiento a las entidades. Actuación local con estructuras globalmente compartidas. O a veces, sencillamente una fusión.

5. Mostrar el impacto social y económico de nuestra actividad.

Nosotros estamos plenamente convencidos de la utilidad social de nuestras organizaciones. Pero no vale con estar convencidos: hemos de ser capaces de mostrarlo, de medirlo y reivindicar nuestra aportación social y económica a la sociedad. La confianza no es ciega: se construye a partir de los datos, a partir de organizaciones transparentes que nos esforzamos por mostrar lo que estamos aportando a la sociedad. Hace años podía ser un acto de fe, pero hoy en día ya existen metodologías y maneras de mostrar lo que aportamos a la sociedad: tanto en mejoras y en ahorros. Los datos ayudan a construir confianza, y la confianza día a día se refuerza y motiva el compromiso con la organización. Ya no es un tema únicamente de calidad en la actuación, sino que los esfuerzos de medida de impacto social y económico van más allá. Y las organizaciones del siglo XXI han de saber explicar a la sociedad el valor social y económico de lo que aportan.

Temas clave para fortalecer las organizaciones no lucrativas

No es ningún secreto que estamos en un momento muy complicado para el sector no lucrativo. Un gran número de las entidades de nuestro país está teniendo muchos problemas para generar los ingresos necesarios para mantener los equipos y el nivel de actividades y servicios del año anterior. Además, en muchos casos, estas dificultades financieras llegan en el mismo momento en que ha aumentado significativamente el número de personas destinatarias.

Más o menos, la situación actual podría compararse a una especie de “tormenta perfecta”: hacer frente a más necesidades con menos recursos.

El tercer sector ha vivido un largo período de crecimiento durante las últimas décadas en paralelo al que hemos vivido como país, que ha dado como resultado un crecimiento considerable tanto en dimensión como en impacto y presencia social. No obstante, a este crecimiento cuantitativo se le añaden bastantes retos de consolidación que tocaba afrontar ahora y en los próximos años.

Un riesgo muy importante es que la situación actual de dificultades a corto plazo que viven las organizaciones no lucrativas —más necesidades con menos recursos— lleve a olvidarnos demasiado de una serie de temas estratégicos que definirán nuestro futuro y el valor social que aportamos.

Cuando de aquí a unos años miremos atrás, nos podemos encontrar con escenarios bien diferentes: un tercer sector que aporta valor, aglutina participación y es un actor social relevante para la transformación social; o un tercer sector cada vez más débil, descoordinado, alejado de la gente y marginal. ¿Exageraciones? Sólo hace falta ver la evolución que han tenido otros actores sociales relevantes hace pocos años para darse cuenta de que tenemos que trabajar activamente con la idea de construir un escenario positivo por muy difícil que sea en tiempo de crisis.

Desde el OTS hemos identificado seis temas clave que pueden condicionar el camino hacia un escenario u otro, y alrededor de los cuales queremos reflexionar colectivamente con las personas del tercer sector:

-Desarrollo de las herramientas y capacidades de gestión que demanda la complejidad de funcionamiento que tienen las entidades hoy.

-Crecimiento de la base social que participa en las organizaciones, con más implicación y compromiso económico.

-Creación de la capacidad de inversión necesaria para fortalecer las entidades y poder hacer actividades y servicios socialmente relevantes.

-Impulso de la colaboración entre organizaciones y la integración para ganar dimensión a la hora de actuar.

-Trabajo sobre la evaluación del impacto para poder mostrar claramente el valor social que aportamos como tercer sector.

-Proceso de reconocimiento del tercer sector como un actor social relevante.

Menudos temas, ¿verdad? De hecho, cada uno de ellos daría para hacer un encuentro específico, pero creemos que vale la pena hacer un enfoque panorámico sobre los retos que nos tocan como sector, y así lo haremos mañana martes 28 de junio en el Acto Anual del Observatorio del Tercer Sector, además de responder a las restricciones presupuestarias y al aumento de necesidades, claro…

De trabajar en una empresa a trabajar en una organización del tercer sector

“…Hace tiempo que le estoy dando vueltas al tema… creo que me apetece un cambio y me he planteado trabajar en una ONG…”. Quienes realizamos procesos de selección en entidades del tercer sector estamos familiarizados con reflexiones similares: cada vez son más las personas interesadas en trabajar en el tercer sector.

Hace quince años, cuando llegaron los primeros recursos económicos, el personal remunerado tuvo su origen en el voluntariado más comprometido de la entidad. Hoy en día, después de años de crecimiento, las organizaciones se complementan con personas formadas en temáticas especializadas y propias de la actividad, y con personas que dan el salto desde el mundo de la empresa; dos colectivos que no tienen necesariamente conocimiento previo de las peculiaridades del mundo no lucrativo ni de sus valores.

Al valorar el impacto de estos cambios encontramos experiencias de todos los colores: algunas muy positivas que han aportado ideas y aires nuevos a la organización y otros casos de inadaptación entre persona y organización. Como es difícil encontrar pautas claras en el éxito o fracaso de la incorporación, se tiende a la postura más fácil: pensar que depende de cada caso… Vamos, casi-casi un tema de buena o mala suerte.

No obstante, existe una responsabilidad compartida entre la organización y la persona. Por parte de la persona, temas como la necesidad de una actitud abierta hacia unos valores diferentes, nuevos procesos de toma de decisiones, otras prioridades, una cultura de mayor participación, necesidad de un alto grado de implicación con los destinatarios y la organización,… Y por parte de la organización, actitudes como la disposición a facilitar la información necesaria para la comprensión del nuevo entorno, paciencia para afrontar el proceso, claridad en la explicación de los temas identitarios (misión, visión y razón de ser), esfuerzo para explicar las ópticas propias y la razón de determinadas maneras de hacer,…

Aunque no hay recetas claras, sí que se adivina la necesidad de realizar un esfuerzo consciente para afrontar la incorporación al tercer sector con éxito, en lugar de dejarlo a la casuística de las circunstancias (“ya se irá adaptando…”)

Sobre la gestión y el desarrollo de personas en las organizaciones no lucrativas

Si se necesita una mesa para la oficina, se compra. Luego se usa hasta que ya no es útil, y entonces se regala, se vende o se tira a la basura. Así ocurre con los recursos materiales. Y podríamos poner ejemplos similares para otros tipos de recursos, tales como los tecnológicos, los económicos,… Pero las personas son algo mucho más importante que un recurso que se compra, se usa y se tira: las organizaciones nacen a partir de las motivaciones de unas personas respecto unas causas concretas, a las que se suman otros individuos. Las personas son muchos más que recursos, son la esencia de las organizaciones. De todas las organizaciones, pero especialmente de las entidades no lucrativas. Por ello, no es fácil dirigir los equipos y conciliar el desarrollo de las personas y de las organizaciones.

A medida que aumenta la madurez y complejidad de las organizaciones del tercer sector, se va produciendo la profesionalización de la función de gestión y desarrollo del equipo humano, y surge la necesidad de encontrar una manera de hacerlo que atienda los valores y las especificidades propias de las organizaciones no lucrativas. La aplicación mimética de recetas empresariales de gestión de recursos humanos no es una solución válida, aunque pueda suponer una inspiración útil en muchos aspectos, ya que no suelen contemplar valores y circunstancias propias del tercer sector. Son muchos temas que requieren una manera diferente de ser reflexionados para ser coherentes con la misión y valores de las organizaciones: la participación, la implicación, la convivencia de personal remunerado y voluntarios, la temporalidad, el trabajo en equipo, la equidad, las escalas salariales,…

Hace unas semanas tuvimos una reunión en Madrid responsables de gestión y desarrollo de personas de varias entidades no lucrativas en diferentes campos de actividad (social, cooperación, medioambiental,…) para compartir reflexiones sobre el funcionamiento de esta área, y aprovechamos para escuchar una experiencia de la economía social, Irizar, que tiene un funcionamiento centrado en las personas. Muy interesante. Lógicamente, se trata de un modelo específico de una entidad de la economia social (no necesariamente existe finalidad social, de hecho es una empresa carrocera; hay reparto de beneficios a los trabajadores, lo que no es posible en el tercer sector;…), pero que puede mostrar muchas pistas de cómo afrontar una manera de trabajar que sitúa a la persona en la centralidad de su funcionamiento, sin sacrificar por ello ni su eficacia ni su eficiencia. Superar esta aparente contradicción es algo que nos interesa especialmente en el tercer sector, porque nos muestra que no es utópico sino posible.

En definitiva, se trata de ir avanzando hacia un modelo que consiga superar esa aparente contradicción entre la eficacia-eficiencia y respeto a las personas, permitiendo el desarrollo equilibrado tanto de las personas que constituyen la organización, como de la misma organización en el cumplimiento de su misión. Sin contrariar a los valores propios, sino evidenciándolos y potenciándolos desde el funcionamiento diario.

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